domingo, 6 de enero de 2013

La literatura y la fiaca


Podría seguir leyendo este manual de Gramática del Español y seguir subrayando aficionadamente las líneas sobre el Presente: desechar en mis cuentitos ese pasado que usan los escritores para narrar y narrar en el olvido, en aquellas cosas ya interiorizadas y perdidas. Podría extraer la frase que destaca que en el indicativo su uso deíctico señala la aproximación entre el momento del evento y el momento de la enunciación, y que neutraliza así las relaciones de anterioridad y posterioridad.
Podría imitar una novela de Aira (si me diera el cuero) y escribir de un tirón como muchos adolescentes, podría escribir directamente en la computadora y ahorrarme el tiempo de pasar y contemplar borradores. Podría buscar otras rimas chillonas de las que me enorgullecía de chico: instante, amante, vacante, etc.; escribiría “en el instante en que un amante se sabe vacante…”
Podría hacer un cadáver exquisito de todas las poesías que nunca pude terminar. Podría pensar en la chica que vi el fin de semana y hacerle un retrato por escrito pero nunca, jamás, se lo regalaría.
Podría esforzarme en simpatizar al jurado novelístico o cuentista de Primavera y escribir como escriben los que salen premiados en el diario. Podría salir a tomar unas cervezas al centro y volver con algunas anécdotas para contar. Podría poner el canal de aire público y mirar la original de Crimen y Castigo en blanco y negro y sin comerciales.
Podría comenzar a escribir un best-seller, hacerme el místico con un libro sobre el objetivo de la vida. Podría pensar en criticar a los poetas nuevos que ya me pasan el trapo y que todavía desconozco. Podría pasarme la noche entera enterrando la nariz en mi biblioteca. Pero hace frío y me duele la cabeza entre las cejas, la televisión ya tiene el timer encendido y cuando menos lo haya notado ya me habré dormido.

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