El día de primavera la familia se acerca al potrero por vez
primera para presenciar la final entre los Municipales y el Sindicato de los
Tractoristas Jubilados. Llevaron en una canasta sanguches de paleta y
mortadela, vino al cartón y a un tío ciego y solterón.
A los pocos minutos, entre la polvareda se oía como un eco:
“hay que poner más huevos”.
Y como en un espectáculo griego distintas voces eufóricas
gritaban: “jugala por atrás”, o bien “mete la cabeza”, “tocala rápido”, “pegale
fuerte”, “metela, sacala, metela” o sino “dale duro”.
Pero como si no fuera suficiente, la hinchada concluyó:
“soltala un poco, comilón”. Y el tío comprendió por qué los hombres se
apasionan tanto por el balón pie.
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